La sequía con la que cae

Este verano no me he prodigado mucho en escribir. Ideas muchas, casi una al día o más, pero a la hora de enfrentarnos con la pantalla salían otras cosas. Aún así ha sido un verano un poco desigual desde las aves. Por una parte los colirrojos volvieron a anidar en el mismo sitio que el año pasado. Han sacado adelante al menos 2 nidadas, pero han sido más cautos, al menos conmigo, y apenas si pasaron por el patio de luces. Sólo un pollo a mediados de junio se paseó un día y me demostró que era capaz de subirse hasta el tejado en etapas.

Por otro lado, este año se va recuperando la población de verdecillos. Aún continúan exhibiéndose. Los que han aumentado mucho han sido los jilgueros y los verderones, parece que un poco a costa de los pardillos que siguen siendo frecuentes.

Pero quizás lo más relevante haya sido el “descubrimiento de las cerezas”. Veréis. Hace unos 6 años, el ayuntamiento de la ciudad ordenó plantar unos cerezos de flor en el parque que llamamos de “alemanes”. Ya desde el primer año los cerezos florecieron y dieron lugar a una cuantiosa fructificación. Sin embargo era raro ver a las aves cerca de los frutos. Estos eran francamente malos de comer, muy amargos. Sin embargo un día me encontré con un par de cornejas comunes a los pies de un árbol. Al probar el fruto, por curiosidad, me percaté que sin ser las mejores cerezas de mi vida, al menos eran comestibles. Sin embargo este cerezo paso desapercibido dentro del “bosque” de cerezos de mala “calidad”.

Pero este año ha pasado algo sorprendente. Las aves en bloque se han dado cuenta dónde se encuentra el árbol “aceptable”. La presión que han sufrido las cerezas ha sido notoria, tanto que dudo que haya habido un sólo fruto sin ser catado. En los de alrededor, se veían algunos pocos, y en los mas alejados estaban todas integras. El resultado es de estorninos negros, urracas, cornejas, grajillas, gorriones, jilgueros, pardillos, verderones, verdecillos, tórtolas turcas, palomas, y otras aves que no pude identificar lo visitaban con profusión, tanto que incluso en sendos días vi como alzaban el vuelo en dirección al río cercano a una pareja de oropéndolas, macho y hembra con apenas una semana de diferencia. Me hizo mucha ilusión encontrarlas, al macho por inconfundible, y la hembra con sus “pulgares” amarillos brillantes en su capa verde. Después de tanto tiempo buscándolas, ellas vienen a mi, bueno es un decir, claro.

El verano ornitológico está llegando a su fin. Hoy me ha tocado ver el primer juvenil de papamoscas. Siguen los azulones sacando a delante las últimas nidadas. La gallineta continúa paseándose por el parque junto al río por las mañanas, las polladas de urracas nos enseñan sus miembros, algunos de los cuales aún no tienen la cabeza cubierta de plumas y las garzas no nos han dejado de sorprender y visitar.

Como veis, no hay grandes novedades, sólo un seguir de dulce rutina, esperando que la cosecha de piñas de un jardín cercano sea capaz de atraer a los piquituertos otra vez este año.

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Acerca de ornitologia desde la ventana

Sólo soy una persona más de esas que ves por la calle. No deberías darte cuenta que estoy a tu lado, puesto que mi mediocridad es mi bandera identificativa. Si aún así quieres ponerte en contacto conmigo puedes hacerlo en ornitologiadesdelaventana@gmail.com
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