La Jungla Sonora

Para empezar debo pedir disculpas. La Jungla Sonora es un programa de Radio Euskadi, pero por ser un nombre demasiado bueno, es para mí, un momento determinante de esos que te guardas.
Todo consiste en salir al campo a eso de las 19:00. En verano es pleno día. Pero en esta época del año es de noche. Cuando le comentas a la gente que sales al campo de noche te preguntan “¿y para qué? si no se ve nada”. Precisamente, esa es la cuestión, lo importante esta vez es no ver, aunque sé que soy visto.

Apenas tengo unos 50 minutos. Unos recomendables 50 minutos. Esta semana ha sido algo, modestamente, espectacular.
Todo empezó en una noche después de un día claro y cálido de noviembre. El cielo estaba despejado salvo por una tenue neblina de altura que proporcionaba un halo a la luna en cuarto creciente. La luminosidad extraordinaria. Había sombras, y a pesar de que los quejigos (Quercus faginea) aún tienen muchas hojas, incluso dentro del bosque podían apreciarse. Generalmente me dirijo a un descampado. Me sitúo en el borde del bosque y espero. pero esta vez me envalentoné, y me metí dentro de la espesura. Me “escondí” en un triángulo de quejigos, mirando al barranco, con la espalda “protegida” por unos espinos y otros matorrales. Me puse en cuclillas y a esperar.
El lugar tiene sus limitaciones para ser un buen escuchadero: una carretera cercana, una autovía demasiado ruidosa, una población con un pequeño polígono industrial,… se suman el esfuerzo de llegar, el ruido de las botas, el de tus pasos en la hierba, mientras rompes ramas, el roce de la ropa, tus propios movimientos,… si sumamos nuestro olor, y el que aunque tu no veas, se te ve de vicio, parece todo un contra sentido.

Cuando me voy normalizando, empiezo a oír. La noche esta clara, se ven estrellas titilando. La luna ilumina las sombras dentro del bosque. Empieza el concierto de las cigarras. No sé si realmente son cigarras, pero es el sonido de la noche cálida. Apenas si hoy se oye, las temperaturas están empezando a bajar y parece que los cantos son más lentos, distantes, espaciados y apagados que hace unos días. Como estoy dentro del bosque mi visión hacia el cielo es limitada, aún así diría que varios murciélagos me sobrevuelan, eso sí en cantidades testimoniales.
Sin embargo los minutos acaban de empezar. Como la claridad es tan grande oigo al petirrojo cantar y reclamar. No hay viento, se oye de vez en cuando caer alguna hoja y de improviso suena un balido extraño. Procede de la profundidad del bosque a mi espalda. En esa zona hay muchas hoceadas de jabalí, una vez levanté una cierva, las liebres campan,… pensé en un corzo, quizás un ciervo. El balido era apagado, ronco, sordo. Nada que ver con las estridencias de las ovejas que dormitaban en el pueblo a mis pies. No lo volví a oír, pero ya estaba puesto en marcha.

De improviso, empiezan a moverse las hojas secas del suelo a mi alrededor. Cae una que se arrastra por la ramas en su descenso. Pero el sonido es distinto. No lo sé explicar mejor. Es algo que corretea por el suelo. El sonido se repite a mi alrededor, dos, tres, cuatro, cinco veces simultáneamente en distintas zonas, en un radio de unos pocos metros. Creo que he tenido la suerte de situarme cerca de una madriguera de algún pequeño roedor. Topillos o ratones, corretean entre las hierbas, deslizándose por las hojas que comienzan a tapizar el suelo. Les oigo roer y mordisquear los tallos y las hojas secas de hierba. No se inmutan. Me ven. Son audaces y empiezo a contagiarme de ellos. Yo también empiezo a moverme. Esta vez he traído la cámara de fotos. La idea es disparar el flash con la esperanza, remota, de captar algo. Los ratoncitos me dan esa oportunidad, tanta que incluso uno pasa delante de mis narices de tres saltos en algo que diría que es menos de 50 cm. de mí. Abro el estuche. Ruido de cremalleras. Enciendo la cámara, bips, sonidos de los motores del enfoque, la luz de la pantalla que toscamente tapo con la mano,… los ratones ni se inmutan. Están ahí. Primero unos segundos quietos y expectantes, en silencio, pero luego les da igual. Se saben escondidos. Siguen con carretas y mordiscos. Me tomo la osadía de iluminar la escena con la luz roja del autofocus, la luz no dura mas allá de unos pocos segundos y se acompaña del “bip” más sonoro del universo, disparo tres fotos, con flash anti ojos rojos, pero les da igual. Siguen campando a sus anchas.

Se me hace tarde. Me levanto. Ya sólo se oyen mis ruidos. Empiezo a bajar de regreso. El en bosque veo unas setas. Por el tamaño y la textura blanda del centro del sombrero deduzco que son pardillas. Creo que se merecían esa foto.

Naturalmente, ningún roedor sale en las otras…

Fecha:2012-11-22
Coordenadas: 42º 51′ 36,80″ N 1º 43′ 28,91″ O
Hora: 19:00-20:00 GTM + 1
Temperatura 12-14 C
Visibilidad (nocturna) muy buena

La Jungla Sonora es un programa de Radio Euskadi dedicado a esa cultura que no aparece en los grandes medios, especialmente musical. El nombre de esta serie de entradas es un pequeño homenaje.
Gracias.

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Acerca de ornitologia desde la ventana

Sólo soy una persona más de esas que ves por la calle. No deberías darte cuenta que estoy a tu lado, puesto que mi mediocridad es mi bandera identificativa. Si aún así quieres ponerte en contacto conmigo puedes hacerlo en ornitologiadesdelaventana@gmail.com
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