Un nuevo aliciente

Esta vez la jungla tenía un nuevo aliciente: la nieve. Después de mantenerse durante todo el día, dudé entre quedarme tranquilamente o ir a descubrirla. La cuesta hasta el bosquecillo es empinada, y potencialmente muy resbaladiza, pero la ocasión era única y había que aprovecharla.

El camino se presentaba como siempre embarrado, pero esta vez la claridad era lo más impresionante. La luna creaba sombras, y la nieve reflejaba tanta luz que desde el pueblo se veían los árboles y los arbustos que no estaban tapados por ella. Mientras lo recorría me percaté de que el bosque estaba en completo silencio. La nevada amortigua el sonido, pero es que las cigarras no cantaban. Por otro lado estaba el sonido de los torrentes. Lo inundaban todo. En el camino han puesto dos o tres caños para darles salida, pero el ruido y su caudal era digno de mención.

Por otro lado, apenas si había ruidos de humanos. El mal tiempo parece que hizo que todo el mundo se quedara en su casa, o al menos sin moverse y apenas si el ladrido de un perro rompía la escena.

Cuando llegué a un punto en que me pareció que la subida no sería demasiado complicada, pensando más en la bajada, abandoné la pista. La luz era fascinante. Se reconocían las especies de las plantas. Pero lo que de repente llamó mi atención eran los huecos dejados en la nieve. Siempre lo asocias a esos tallos que la rompen y sobresalen, pero cuando siguen hileras definidas empiezas a pensar en rastros. La parte buena es que todo estaba lleno de presuntos rastros, la mala es que la claridad no era lo suficientemente intensa como para reconocerlos bien. Al sacar una linterna veo dos cosas. La primera es lo escandalosamente que delato mi situación, tanto a animales como a humanos. Lo segundo es que las huellas están desgastadas. Eran del día, quizás desde esta mañana, pero es difícil reconocer garras en ellas. Sin embargo es todo un festival de rastros. Cuando siguen una línea que se prolonga durante metros y metros debe ser un rastro. Quizás no sean todos los que pensaba, pero el repertorio faunístico no tenia desperdicio: zorro, liebre, jabalí,…

Al llegar al bosque dudé. Había mucha claridad hacia el valle, y me dispuse mirando hacia él. A pesar de que algunos pajarillos sobrevolaban las copas, y el interior del arbolado, no cantaba ninguno, ni siquiera el petirrojo.

De improviso, comenzó a llover. La lluvia es el peor enemigo de la jungla. El sonido del agua lo tapa todo: las gotas contra las hojas, el tamborileo contra el impermeable. Tomé la precaución de llevar paraguas. Mientras decido que hacer, lo abro y me pongo en cuclillas, como siempre apoyado en un tronco. Y sucedió.
Allí surgió, no se muy bien de donde, el zorro. Estaba recorriendo una repisa totalmente blanca. Sin ningún obstáculo en la visual. Estaba a menos de 20 metros de distancia. La luminosidad parecía enorme. Miraba hacia abajo y no me vio. Era un zorro joven, no demasiado grande, con su gran cabeza, sus orejas prominentes y su cola peluda. Al sobrepasar mi perpendicular se paró. Siguió mirando abajo, pero algo le hizo recapacitar y regresó como salió, sin meter ruido, como un fantasma.

Fue un momento. No sé cuanto, pero si mucho más largo de ese instante en que justo identificas al animal cuando ya se ha fugado. Me quedé un rato mas rumiando la escena. Dejó de llover y cerré el paraguas. Ya era hora de volver. Pasé buscando sus pisadas. Cómo siempre que ocurre algo interesante, nunca llevas la cámara. Saqué el móvil. El triste resultado ya lo veis.

Cuando regresaba, sin poder digerir lo que acababa de ocurrir, salió el remate final. El cárabo decidió dar un concierto, un solo mientras marcaba su territorio. Esta vez fue un concierto en toda regla, volando entre tres o cuatro posaderos, acercándose hasta parecer que estaba al lado, aunque de noche los sonidos parecen que están mucho más próximos. Todo un remate final para una sesión memorable.

La Jungla Sonora es un programa de Radio Euskadi dedicado a esa cultura que no aparece en los grandes medios, especialmente musical. El nombre de esta serie de entradas es un pequeño homenaje.
Gracias.

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Acerca de ornitologia desde la ventana

Sólo soy una persona más de esas que ves por la calle. No deberías darte cuenta que estoy a tu lado, puesto que mi mediocridad es mi bandera identificativa. Si aún así quieres ponerte en contacto conmigo puedes hacerlo en ornitologiadesdelaventana@gmail.com
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