Estos azulones no dejan de sorprendernos: tentativa de infanticidio

El Arga esta lleno de patos. Definirlos como azulones quizá sea demasiado decir, sobre todo por que hay un número considerable de híbridos entre azulones silvestres (Anas platyrhynchos platyrhynchos) y patos domésticos(Anas platyrhynchos domesticus), en todas las proporciones de cruzamiento imaginables.

Sin embargo, eso no quita para apreciar, o al menos tener la impresión que la cantidad de patos que hay en la ciudad ha llegado a ser excesiva, aunque en estos últimos 2 años, me da la sensación que ha descendido algo.

Uno de los factores para el control de una población es la disponibilidad de alimento. Si consideramos que todos los días se producen aportes suplementarios y muy importantes de pan y otros productos por parte de bienintencionados ciudadanos, creeríamos que la población de aves tiende a densidades de granja, y en ocasiones el olor así parece confirmarlo.

¿Quién puede mantener a raya a esta población que aparentemente no debería estar limitada? El control por depredación viene a nuestra mente. Primero pensamos en mamíferos, carnívoros de diversa procedencia: perros y gatos domésticos, y desde los silvestres garduñas, comadrejas, quizás nutrias, en ocasiones alguna rata son candidatos perfectos; aunque salvo persecuciones por perros, nunca he sido testigo de ataques ni conatos de cacerías. Desde el punto de las aves, la cosa cambia: urracas, milanos negros y reales han sido protagonistas de escenas de acoso persistente sobre los pequeños patitos. Es posible que las patiamarillas también forme parte de este club, aunque estas en etapa de presunción, como de la misma forma cernícalos, mochuelos, lechuzas, cornejas y otras aves formen parte de sus controladores.

Sin embargo, en algo que ni se me ocurrió fue pensar en el infanticidio. Ya había oído hablar a mis abuelos y padres que las gallinas y los patos de corral son muy solícitos con su prole, pero feroces atacantes de los vástagos de otras nidadas.

La familia de patos

La familia de patos “agresora” pastando en la caída de la presa de Santaengracia.
2015-06-01

Pongámonos en situación: una hembra con tres pequeñas aves recubiertas con su pelusa amarilla manchado de gris. Picotean la rampa de la presa de Santaengracia. Su búsqueda de invertebrados, algas y otras materias comestibles parece una estampa idílica en una mañana que presagia el comienzo del verano. Sin embargo, el pequeño tamaño de los patitos hace que una corriente de agua separe a uno de los pollos de su familia. El agua lo arrastra hasta la base de la presa. Ascender el talud no le fue fácil, pero al subir arriba se encontró que los suyos estaban al otro lado del caudal. Pasar por la lámina de agua mansa no parecía complicado, pero para su desgracia, otra familia de azulones, esta vez una hembra con dos patos que ya muestran conatos de pluma, se interpone en su camino. La hembra no lo duda y pasa al ataque. Los pollos la siguen con terrible ferocidad. El pollito intenta zafarse del acoso, pero sólo puede huir aguas abajo, alejándose de su madre. En la vorágine, dos azulones machos atacan igualmente al pollo. Aparentemente se han excitado por los ataques anteriores, ya que no hay motivación por acceso a alimentos visible. La madre es consciente de lo que ocurre, pero no puede ayudar al agredido: la prole agresora aprovecha el ataque de los machos para esperar que la hembra abandone a sus dos pollos y atacarles. El pollito está a punto de caer por un lateral de la presa. Si cae por él las posibilidades de reencuentro caen drásticamente.

Familia

Familia “agredida” en la misma presa pastando.
2015-06-01

Afortunadamente, su pequeño tamaño le permite esquivar a los machos y se deja caer de nuevo de la presa para retomar el camino correcto.

La tensión del momento fue muy elevada, pero lo que me sorprendió fue que el acoso de los machos fue lo que realmente puso al pollo en peligro de caer por el lugar equivocado,  (lo separarían definitivamente de la madre) y la “espera” de la madre agresora a que la madre agredida abandonara a los suyos… yo diría que “se le veía en la cara” a que los tenía “enfilados”.

Creo que este tipo de situaciones pueden ser muy frecuentes en aquellas zonas donde la concentración de nidadas sea elevada.

Lugar: Presa de santaengracia en Iruña – Pamplona.

Fecha: 2015-06-01

Para ubicarse mejor:

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