La jungla sonora: prefacio 2017-18

Todavía es pronto y aún no ha comenzado la “temporada”. Sin embargo, hay algo muy especial esta vez. Pero entremos en antecedentes. El monte Ezkidi se encontraba muy “feliz” inmerso en el devenir del “río de la vida”. Tenía una colección de fauna muy rica y variada a pesar de su pequeño tamaño. Sus redes tróficas eran complejas y con gran número de especies e interrelaciones.

Sin embargo, las lluvias persistentes del invierno y primavera del 2013 hicieron algo impensable: la mayor parte de las poblaciones de micromamíferos colapsaron. El resultado es que desaparecieron grandes hitos de su fauna, como el cárabo, o un enorme y espectacular zorro que habitaba en sus laderas y las defendía con gran arrojo. Como consecuencia de ello, los días cortos de la temporada 2013-2014 eran un enorme torbellino de pequeños roedores osados. Seguramente, pequeñas poblaciones residuales, habitantes de las cresterías, sobrevivieron a la hecatombe y en una estación fueron capaces de repoblar un desierto de competencia y depredadores. Su número fue especialmente “escandaloso” a comienzos del otoño, cuando se consiguen los máximos poblacionales en estas especies.

La situación se fue recuperando en los años siguientes, de tal forma que al final de la temporada 2015-2016 el cárabo volvió a reclamar territorio, los mochuelos anunciaban su presencia y un pequeño zorro se dejó caer en el feudo abandonado.

Pero las cosas no quedaron ahí, y cuando todo parecía que iba a recomponerse, una atroz sequía del verano y otoño del 2016 volvió a diezmar las poblaciones de los distintos tipos de roedores del suelo. Esa temporada de noches largas fue ocupada fundamentalmente por las cigarras, que supieron aprovechar un invierno particularmente suave, algún valido de los corzos y unas minúsculas poblaciones de roedores, (que costó mucho encontrar), esta vez escondidos en lugares recónditos, donde la orografía del monte había perdonado horas de sol a la agostada vegetación.

Las consecuencias todavía están por verse, pero durante la primavera y el verano del 2017 a partir de una exigua cantidad de bellotas, surgieron más retoños de quejigo que nunca (ya veremos cómo soportaron la sequía de mayo-agosto) ya que no había cantidad significativa de comensales para disfrutar del, inicialmente, frugal festín. Hasta parecía que la población de tejones, inmune a la crisis de la lluvia, se vio afectada por la sequía.

Visitándolo a comienzos del otoño, nos encontramos con la presencia de un nuevo invitado que hasta ahora no había aparecido; y es que los pastos secos del SE se han convertido en una letrina inmensa de conejos. Y es que claro, sin depredadores que los limiten y con su alta tasa de reproducción, no había motivo para no instalarse de forma tan contundente. Las consecuencias las pueden sufrir las liebres, si aún queda alguna correteando por los quejigales adehesados.

Desconocemos que conclusiones, que enigmas, que intrigas nos tocará encontrarnos, pero hay algo que sí se ha sacado en claro; y es que si los roedores y otros pequeños animales tienen las altísimas tasas de reproducción que tienen, es porque sus poblaciones están a merced, de una forma insospechada, de los caprichos de la intemperie de modo superlativo.
Es posible que a fecha de hoy, sus contingentes conformen ya una gran comunidad, quizás al borde de número de plaga, gracias a esta capacidad para sobreponerse a estas silenciosas pero terribles catástrofes.

Sí, nos hemos topado de nuevo con las fluctuaciones de las poblaciones y eso que puede parecernos un “desequilibrio”, que realmente lo es, en realidad sea una de esas bazas con las que juega este complejo mundo del cual nos ha tocado gozar y maravillarnos.

 

Para ubicarse mejor:

 

 

La Jungla Sonora es un programa de Radio Euskadi dedicado a esa cultura que no aparece en los grandes medios, especialmente musical. El nombre de esta serie de entradas es un pequeño homenaje.
Gracias.

PS: Gracias a Juan Manuel Pérez de Ana por permitirnos pinchar a uno de sus preciosos blogs.

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Acerca de ornitologia desde la ventana

Sólo soy una persona más de esas que ves por la calle. No deberías darte cuenta que estoy a tu lado, puesto que mi mediocridad es mi bandera identificativa. Si aún así quieres ponerte en contacto conmigo puedes hacerlo en ornitologiadesdelaventana@gmail.com
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2 respuestas a La jungla sonora: prefacio 2017-18

  1. José Ramón Izurriaga Giménez dijo:

    Interesantísima observación de la evolución del tiempo y las especies vegetales y animales.
    Muy bueno.
    Joserra

    Me gusta

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