Algunas plantas olorosas de Ezkaba

Vivimos en un mundo audiovisual. La vista y el oído son nuestros sentidos más mimados en nuestro entorno, pero debemos recordarnos que no son los únicos. Para una persona aficionada a la botánica en general, la visión de las características de una planta puede ser muy importante para identificarla. Los modernos herbarios digitales se basan precisamente en ese factor: mostrar fotos de conjunto y otras más detalladas para precisar en esos rasgos que las identifican. Pero cuando salimos al campo podemos disfrutar con toda nuestra gama sensorial, y sin lugar a dudas, una de las que menos conscientes somos es de las cualidades olfativas de nuestras plantas.
Algunas huelen tan bien que las hemos incorporado a nuestra vida; forman parte de los aromas con que engalanamos nuestra casa, nuestra ropa, incluso nuestros cosméticos y nuestra piel. Otras las hemos incorporado a nuestra cocina, ya que nos permiten aumentar, o disimular, los matices de los alimentos cuando vamos a ingerirlos. Otras, en cambio, no resultan nada agradables, o incluso repulsivas. Pero a pesar de todo, no debemos olvidar un detalle importante: los aromas de las plantas surgen mucho antes de que los seres humanos llegáramos a poblar este planeta.

Cruzada, (Cruciata laevipes) fácil de ver en la primavera a las orillas de caminos y bordes de huertas y cultivos, buscando un poco más de humedad. (Foto O. Pérez Andueza)

El fundamento de los olores son sustancias volátiles, que se evaporan fácilmente, pasan al entorno, cruzan las membranas celulares y desde allí los percibimos. Sin embargo, en un mundo donde prima la economía y el ahorro la pregunta surge ¿Qué sentido tienen los olores en las plantas?

La respuesta más inmediata es la comunicación. Las plantas son seres de algún modo, “atrapados” en una ubicación, en un lugar. Sólo realizan un viaje en su vida, en forma de semilla. Y una vez que germinan no vuelven a moverse nunca más. (Bueno también hay algunas excepciones, para dar un poco de colorido al asunto) Por ello, de alguna forma tienen que mantenerse en ese espacio tan duramente conquistado. Hay muchos competidores, hay muchas necesidades y comunicarse es muy importante.
Las plantas se comunican con otras plantas, ya sea de su especie o de otras, algunas en colaboración, otras para expulsar a posibles competidoras, o en el caso de algunas plantas parásitas acercarse a sus posibles objetivos. También se comunican con los animales, principalmente con los insectos. Muchos de ellos son atraídos ofreciendo recompensas, no siempre satisfechas, de comida, refugio o incluso sexo. Muchos frutos, además, tienen olores para atraer a comedores de frutas y que les ayuden a dispersar sus semillas.

Los ajos, en general, prefieren vivir en lugares abiertos. La foto grande y el detalle de la flor corresponden al ajo rosado (Allium roseum) muy abundante en las laderas sur de Ezkaba en mayo. La cabecilla corresponde a otro, el Allium vineale más pequeño y algo más raro.
(Fotos M. Galdeano)

Aparte de estas funciones comunicadoras tienen funciones de protección frente a hongos y microbios que puedan producir enfermedades, protección contra herbívoros en general y como fotoprotección, algo así como nuestras cremas solares.

Y para todo ello, han generado una colección de moléculas para realizar estas funciones unas 1700 de muy diversa naturaleza química. Algunas de ellas, de rebote, producen una serie de sensaciones en nuestros sentidos humanos, que modelados por elementos culturales osamos considerarlos agradables o no.

El trébol hediondo, (Bituminaria bituminosa) tiene un nombre latino muy acorde con su olor. Nos acompaña durante casi todo el verano en los prados secos de Ezkaba.
(Foto O. Pérez Andueza)

Para hacernos una idea de la importancia con que las plantas se toman este tema podemos decir que de algo más de 400 familias unas 90 las emplean. Ésta es una pequeña colección de algunas de las sorpresas olfativas que podemos encontrarnos si damos un paseo por nuestro monte Ezkaba.

Ajos, baratxuria (género Allium, familia liliáceas)
Hay varios ajos silvestres en Ezkaba. Los identificamos rápidamente por la forma de sus flores y cómo están situadas al final de una rama en un manojo casi circular. Pero si nos acercamos a ellos descubriremos ese olor tan de “ajo” que en nuestro entorno despierta tantas pasiones como recelos. Es un olor muy característico que prácticamente ninguna otra planta lo tiene, aunque hay muy buenas imitadoras.

El orégano (Origanum vulgare) es otro acompañante de comienzos del verano en los prados secos. Esperemos que la próxima vez que pidáis un “extra de orégano” os acordéis de él.
(Foto O. Pérez Andueza)

Trébol hediondo. (Bituminaria bituminosa familia leguminosas)
Hay olores que, para la mayoría de las personas de nuestro entorno son desagradables, y el del trébol hediondo es uno de ellos. El nombre le viene al pelo. Su olor es inconfundible y recuerda de alguna forma al del alquitrán. Florece durante todo el verano y su altura le permite distinguirse enseguida de otras plantas que la rodean. Pero no por ello deja de ser una planta muy interesante. Como todas las leguminosas, forma asociaciaciones con bacterias que transforman el nitrógeno atmosférico, que las plantas no pueden utilizar, en amonio y nitratos que son algunos de los fertilizantes más interesante para el suelo.

Santolina, astakamamilla (Santolina chamaecyparissus familia compuestas)
Es una “especie” de margarita alta, pero sin pétalos blancos, que sale de una cepa arbustiva leñosa. Su aroma recuerda de alguna forma al de la manzanilla, pero es muy intenso. Es aquí donde se producen disparidades sobre como calificar su aroma.

La santolina (Santolina chamaecyparissus) es otra planta que lanza sus flores en lo más duro del verano sobre los terrenos más secos. Esta vez, es la propia intensidad del aroma lo que puede disuadirnos.
(Foto O. Pérez Andueza)

Cruzada (Cruciata laevipes familia rubiáceas)
La cruzada es una humilde planta que florece a principios de la primavera. Tiene unas diminutas flores amarillas que pueden ser llamativas cuando florecen por su número y densidad. Su olor recuerda al del limón.

Orégano, oreganoa (Origanum vulgare familia labiadas)
¿Alguien no ha oído todavía el dicho de “no todo el monte es orégano”? Seguramente ésta será la familia más conocida por sus plantas aromáticas: lavanda, romero, tomillo, salvia, albahaca, …el orégano es casi la hermana menor, aunque se ha incorporado con mucho éxito en las nuevas tendencias culinarias. Sus pequeñas flores y sus hojas han contribuido a aromatizar y acompañar a algunos de nuestros embutidos más populares.
Esta flor nos acompaña por el campo a partir del comienzo del verano.

Como podéis observar, la variedad de aromas que nos acompañan en los paseos campestres va más allá de lo que hubiéramos pensado a primera vista, por eso os aconsejamos que, para la próxima, comencemos a despertar nuestros sentidos adormilados.

No dudéis en comentarnos aquello que descubráis en ellos.

Gracias a O. Pérez Andueza y a M. Galdeano por las fotos.

Podéis pinchar aquí para ver en PDF el precioso trabajo que hicieron en la revista Auzolan de Txantrea

 

 

Acerca de ornitologia desde la ventana

Sólo soy una persona más de esas que ves por la calle. No deberías darte cuenta que estoy a tu lado, puesto que mi mediocridad es mi bandera identificativa. Si aún así quieres ponerte en contacto conmigo puedes hacerlo en ornitologiadesdelaventana@gmail.com
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