El ocaso de los árboles mochizos

Hagin (Taxus baccata). Este ejemplar fue convertido en un pilocho y posteriormente fueron surgiendo las nuevas ramas. Seguramente fue podado para suministrar alimento a las cabras. Este tipo de actuaciones, en su día, presentaron cierta controversia entre los vecinos; ya que se ubican en Los Hagines, un terreno comunal entre Arluzea y Apellaniz. Según la versión de los habitantes de Arluzea, ambos pueblos tienen derecho a pastos en igualdad de condiciones, no extendiéndose estos derechos a otros tipos de aprovechamiento. Actualmente, el término aparece anexionado al mapa del ayuntamiento de Arraia-Maeztu al que pertenece la población de Apellaniz, y no al de Bernedo, ayuntamiento al que pertenece la población de Arluzea.
Los Haguines, Arluzea, Araba, 2020 11 04

Si se nos preguntara por las utilidades de los árboles, seguramente, la primera que aparecería sería el uso de la madera. Material de construcción, náutica, herramientas, auxiliar a la construcción, combustible, pasta para papel… algunos, incluso, son fuente de frutos de gran valor nutricional, otros proporcionan sustrato para una gran cantidad de hongos de múltiples aplicaciones y cualidades. Y, desde luego, aportan sombra; abrigo del viento y la intemperie; nos dan calma y sosiego; condicionan la flora, la fauna y el clima; son bombas que capturan el CO2; intervienen en paisaje; en la gestión de acuíferos y sistemas hídricos; en la creación y retención de suelos; …
Sin pretender ser extensos ni exhaustivos, vemos que la relación es larga y diversa, lo que nos hace recordar cuan influyentes son en nuestra vida, nuestra cultura, nuestra economía, nuestra seguridad, nuestra subsistencia, … en definitiva en nuestro planeta tanto directa como indirectamente.

Chopo (Populus nigra). Este ejemplar fue convertido en un pilocho al cortarle la punta como se hacía habitualmente a los chopos silvestres. Con el paso del tiempo, surgieron ramas que le dan ese aspecto de “trasmocho”.
Barranco del molino, Markinez, Araba, 2015 03 15

Sin embargo, en esta ocasión vamos a fijarnos en sus hojas como recurso. Su importancia, que actualmente casi ha caído en el olvido, se reflejó en usos, modos, costumbres, reglamentos que marcaron el calendario y la cultura en pueblecitos perdidos de la Montaña Alavesa, y quizás no sólo ahí.

Chopo (Populus nigra). En el tramo de carretera entre Arluzea y Markinez hay una gran cantidad de chopos mochizos al borde del río. Durante mucho tiempo se plantaron chopos, y otros tipos de árboles, sobre todo frutales, por personas particulares en las riberas, independientemente de quién fuera el dueño de la finca colindante. Este tipo de situaciones podían llegar a generar tensiones entre los vecinos implicados.
Lugurria, Arluzea- Markinez, Araba, 2015 03 15

Uno de los usos más directos de las hojas es su empleo como hojarasca. Su función era sustituir a la paja en las camas del ganado mientras estaba estabulado para que se mantuviera seco y confortable. Se preferían frente a las del helecho (hembra) (Pteridium aquilinum) por ser más finas y de uso más agradable. Sobre todo, se empleaban las de las dos especies arbóreas que conforman los bosques más densos de la zona: el roble almez (Quercus pyrenaica) y el haya (Fagus sylvatica). Entre ellas había dos momentos importantes para realizar la elección. En primer lugar, a la hora de la recogida. Los hayedos tienen una gruesa capa de hojarasca que es muy fácil de recoger, sobre todo si el tiempo apremia. El roble almez deja la hoja caída más desperdigada en el suelo y recogerla es más complicado y laborioso.

Albar (Quercus robur). No se ve tan fácil la poda a lo pilocho que recibió este árbol y algunos vecinos próximos, considerando además la presencia de hiedra, pero una comunicación personal así lo aseguraba.
Parraita, Markinez, Araba, 2015 03 15

 Sin embargo, la elección se veía compensada en el momento en el que se limpiaban las cuadras y se vertía el estiércol a los campos para abonarlos: las hojas de almez estaban totalmente desintegradas, mientras que las de haya estaban prácticamente enteras, con lo que el viento solía volarlas y llevárselas, lo que hace que esta labor pueda llegar a ser muy incómoda para las personas que la realizan.
Al recogerse desde el suelo, esta acción no parece dejar señales directas en los árboles, si acaso, al retirar nutrientes, un menor desarrollo en general y un menor engrosamiento de los anillos de crecimiento difícil de evaluar a primera vista. Quién sabe si alguien se percató de ello, de que la madera era más densa y fueran árboles más codiciados.

Especulaciones aparte, las especificaciones para hoja seca no estaban tan claras y generaban controversias entre los distintos pueblos.

Albar (Quercus robur). Vecinos del anterior, sus huellas son algo más notorias. No hay que olvidar que estas técnicas no se emplean desde mediados del siglo XX y durante este tiempo los árboles se han ido desarrollando.
Parraita, Markinez, Araba, 2015 03 15

Pero su uso más popular era como forraje, tanto en fresco como en seco. Pero, ¿por qué esa necesidad de forraje?
Hace ya algunos años, hablaba con mi padre sobre una persona de su entorno que había participado (y vuelto) en la Guerra de Cuba. Personas como ella salieron de algún pueblo perdido en el interior, repletas de ignorancia, y con un desacoplamiento entre su cultura y lo que iban a ver. Al volver, narraban historias extraordinarias que marcaron la fantasía de varias de generaciones. En una de ellas, se decía que en una porción ridículamente pequeña de terreno se podía producir suficiente forraje para alimentar a una vaca durante todo un año. Ante la incredibilidad de mi padre (heredada de la de todos sus paisanos y de su propia experiencia) comenzamos una pequeña “cuenta de la vieja”, un tanto grosera y tosca, pero buscando ser ilustrativa.

La pregunta era cuánto forraje produce una superficie a lo largo de un año en unidades arbitrarias.

mesvalor indice
enero0
febrero0
marzo0,5
abril1
mayo2
junio1,5
julio1
agosto0
septiembre0
octubre1
noviembre0
diciembre0
Total7

En principio estuvimos bastante de acuerdo en asignar estos valores. En lo más crudo del invierno, el campo apenas si produce nada, menos aún si no se puede acceder a la hierba por la presencia de nieve. En la primavera, comienza a despertar, al principio muy lentamente, llegando el máximo entre abril y junio (siempre que las lluvias acompañen). Julio ya es irregular y suelen fallar las lluvias, que hasta octubre no volvían a caer con la intensidad necesaria regresando el despertar de la vegetación. Sin embargo, este nuevo pico no va bien acompañado: los días se van volviendo cortos y las temperaturas se enfrían, ralentizando el crecimiento vegetal.
Llegados a este punto, acordamos reconocer que, aproximadamente, durante la mitad del año el campo apenas si produce pasto. Entonces, llegó una idea demoledora: “imagínate que vives en un país en el que siempre es mayo”.

Recuerdo la forma en la que se le abrieron los ojos a mi padre.
Seguramente, la historia original sea truculenta y exagerada, y que en Cuba no será “mayo” todo el año, pero a nosotros nos da una idea de las necesidades del mantenimiento del ganado en aquellos pueblos perdidos en la Montaña Alavesa antes de la llegada de estos nuevos tiempos de revolución climática.

Carrasqueño (Quercus faginea). Ejemplo de poda trasmocha. En este tipo de poda, se cortaba el tronco principal a una altura cercana a los 2,5-3 metros y se dejaban las ramas que salieran de ella. El uso principal de este corte es el maderero. Entre finales del siglo XIX y principios del XX su destino mayoritario era el carboneo como fuente de energía a la industria siderúrgica de Ajuria. En este corte, los árboles afectados tienen una característica forma de candelabro. Según las leyes de la 9ª provincia costera, todos los árboles pertenecían a la Armada y no se podían cortar. En la variante local de los Fueros Alaveses, había 6 especies para la Armada, a saber: Albar, almez, carrasqueño, haya, encina y pino. El resto era considerado Madera Civil de libre disposición. Es particularmente raro en esta zona encontrar carrasqueños trasmochos, procedimiento principalmente empleado en las hayas.
Barraskonzabala, Markinez, Araba, 2015 04 12

Y es que en un lugar donde cultivar la tierra es especialmente penoso, el que el forraje, literalmente, “crezca en los árboles” puede ayudar a mantener una pequeña ganadería que no cuenta con la estrategia de la trashumancia.
Para ello se cortaban las abarras, se ramoneaban, es decir, se corta el ramón, ramas de pequeño diámetro, pero llenas de hojas para ser comidas por el ganado. Es curioso pensar que estas hojas, cortadas cuando aún están en su pleno vigor, permanecen unidas a las ramas durante mucho tiempo.
Los árboles que sufrían este proceso se les llama mochizos.

Chopo (Populus nigra). Ejemplar solitario en el que se aprecian los callos de las sucesivas podas. No hemos podido encontrar ningún chopo lombardo (Populus nigra itálica) Éstos, como eran cultivados por la madera, nunca se les cortaba la “guía”. Sus callos eran muy circulares y distribuidos regularmente por el tronco, en una imagen razonablemente parecida a esta, pero con el espaciado entre ellos mayor, entorno al 1,5-2 m.
Sarronda, Markinez, Araba, 2015 04 12

En principio cualquier especie de árbol es válida para esta actividad, sólo tiene que estar presente y tener hojas en su momento. La preferida era el fresno fino (Fraxinus angustifolia) en segundo lugar su primo el fresno (Fraxinus excelsior) y una vez fuera de esto todos podían valer: avellano, chopos, azkarro, Albar, almez, carrasqueño, encino, incluso el hagin se empleó para forraje de las cabras, a pesar de que se conocía su toxicidad para caballos y burros.
Sin embargo, cada especie requiere una estrategia diferente. Algunos, incluso, eran plantados con tal fin; por ejemplo, las moreras, cuyas ramas se cortaban para llevar las hojas a la industria sedera de la “Capital”.

Chopo (Populus nigra). Este ejemplar pudo convertirse en trasmocho, y después se le pudieron podar las ramas (?) La autoridad militar imponía duras restricciones al crecimiento de los árboles bajo pretexto de la amenaza para la defensa en caso de asedio o invasión. A pesar de ello, en la ciudad es frecuente encontrarse con árboles podados de forma reiterada..
Corralillos de Gas, Pamplona-Iruña, Nafarroa 2015 04 13


 Otro caso era el de los chopos lombardos (Populus nigra italica), variedad cultivada del chopo negro, que se plantaban buscando troncos de crecimiento alto y erecto. Para ello se podaban, dejando únicamente las ramas más altas para que continuaran creciendo. El resultado es que se obtenían importantes cantidades de abarras en cortes cada 1-2 años. Este proceso repetitivo, genera en los troncos anillos de callos que se distribuyen regularmente por el tronco. Las personas que realizaban estas tareas trepaban hasta las copas a podar las ramas que salen de las callosidades mientras se apoyan en ellas.
En este caso no estaba muy claro si se plantaba el árbol por su uso maderero o como pasto.

Chopo (Populus nigra). No podríamos asegurar su uso como hojas para pasto, pero si identificarlo como podado de forma continuada.
Tollo, Cantabria, 2015 07 29


Sin embargo, la actividad se concentraba especialmente en árboles silvestres, que crecían en los espacios comunales. Su importancia a nivel social era tal, que estaba regulada, de tal forma que se buscaba que todos los habitantes del pueblo tuvieran el mismo acceso a las hojas. De igual manera, tampoco se podía ir a cualquier parte del monte, ya que cada pueblo tenía indicado a que zonas podía acudir, pudiendo no ser coincidentes las áreas de leña y hoja, por ejemplo.

Roble (Quercus robur). Catalogado como Monumento Natural 43, este roble tiene una larga historia, con gran intervención humana. Sin excluir ningún otro tipo de uso, la gran diferencia entre el tronco y las ramas nos sugieren múltiples podas, en las que pudo haber sido trasmocho en múltiples ocasiones. Sin embargo, la forma de las ramas también nos sugiere que recibió otro tipo de podas para ramoneo, en las que se respetó hasta cierto punto la presencia de las ramas principales. El resultado es un árbol de relativamente poca copa, lo que sin duda le ha permitido resistir el paso del tiempo frente a los embates de la climatología. En el camino hasta él hay una gran cantidad de roble que sufrieron procesos de podas muy semejantes, aunque siempre ejemplares mucho menos desarrollados.
MN43, Orkin, Nafarroa 2015 08 02

Para comenzar estas tareas, había que esperar a que todos los vecinos hubieran terminado con las labores de la trilla; y el lunes siguiente se “abría” el monte. Esto es, se autorizaba a los vecinos a bajar a sus casas productos de origen forestal: leña, troncos, hojas, … coincidía entre finales de agosto o septiembre, dependiendo del pueblo, (por su altura), y de la climatología del año.

Chopo (Populus nigra). Ejemplar en el Arga. Se aprecian los callos de las podas. En la ciudad es frecuente encontrarse con árboles podados de forma reiterada. Los cortes de las ramas se realizaron pocos días antes de tomar la foto.
Rotxapea, Pamplona-Iruña, Nafarroa 2016 03 12

En lo concerniente a las abarras, era frecuente que cada casa tuviera una zona “preferida” para realizarlas. Eso permitía gestionar mejor el recurso; ya que la temporalidad variaba para cada especie y su hábitat. Así, por ejemplo, los chopos se podaban en ciclos de 1-2 años, mientras que otras especies aguardaban periodos de 5, 7 y hasta 10 años. A estos de ciclos largos pertenecían algunos (robles) carrasqueño (Quercus faginea). Estos ejemplares eran muy codiciados, ya que en cada uno de ellos se podían recoger muchos carros, con un considerable aumento de la comodidad y eficiencia.
 

Carrasqueño (Quercus faginea). Ramoneado con la técnica del pilocho. Se aprecian los callos de las podas. No hemos podido encontrar ninguno de los carrasqueños de grandes troncos y dimensiones que se nos comentó en su día. Esta serie de árboles, muy próximos entre sí, fueron víctimas, además del olvido, del incendio del 2009-07-22.
Arrausia, Markinez, Araba, 2016 11 12

Sin embargo, los nuevos usos agrícolas, han relegado al olvido y a la indiferencia a estas técnicas, que fueron abandonándose desde mediados del siglo XX, y es que, es mucho más cómodo recurrir a forrajes cultivados y empacados industrialmente que simplifican su gestión y transporte.

Carrasqueño (Quercus faginea). muy próximo al de la foto anterior. El ramoneo debía suponer una merma importante en la capacidad del crecimiento y engrosamiento de los troncos. A veces con encontramos con otros ejemplares de la misma especie, con grosores muy semejantes, pero sin signos de haber sido tocados. Ello nos hace suponer que, o bien eran muy jóvenes, o todavía que no habían brotado en aquella época.
Arrausia, Markinez, Araba, 2016 11 12

¿Cómo podemos reconocer a los mochizos?

A pesar del tiempo transcurrido, estas técnicas de aprovechamiento forestal, dejaron una impronta en los árboles del entorno. Y es que al cortar reiteradamente las abarras, se generan cicatrices visibles hoy en día, aunque distintas para cada especie. Así, a los avellanos se les incentiva su crecimiento arbustivo, en otras especies, se generan “muñones” en el extremo de algunas ramas, o los callos y anillos antes mencionados en los chopos, sobre todo en los lombardos. Estos callos tienen la peculiaridad de que facilitan el rebrote de nuevas ramas, que serán las que se corten la próxima temporada, dinámica que genera más podas que a su vez genera el engrosamiento del callo. Sin embargo, en muchos robles, esas cicatrices son menos notorias. Muchas veces tienen una forma muy particular: poseen gruesos troncos, de los que salen ramas equilibradas, con frecuencia retorcidas, que no muestran discontinuidades de su grosor en su longitud ni en su punto de inserción. El conjunto, genera copas pequeñas para troncos tan gruesos, lo que les da aspecto de “bonsái” gigante. Esto es totalmente opuesto al caso de los árboles trasmochos, que presentan una silueta típica de “candelabro” donde todas las ramas son iguales y surgen bruscamente de la misma altura formando grandes copas en troncos gruesos y ridículamente cortos.

Chopo (Populus nigra). Ejemplar en el Arga. Se aprecian los callos de las podas. En la ciudad es frecuente encontrarse con chopos ramoneados de forma reiterada.
Parque de Trinitarios, Pamplona-Iruña, Nafarroa 2016 12 08

Pero la técnica que más se aprecia a día de hoy es la que podríamos decir del pilocho. Un pilocho es un palo cilíndrico, generalmente corto, con un extremo aguzado. Los árboles que sufren esta técnica sufren una poda brutal, en la que se deja el tronco totalmente desprovisto de ramas hasta una altura, considerable entre los 6 y los 15 metros. Luego se le corta el tronco a esa altura, dejando una cicatriz de grandes dimensiones.

El uso de este tipo de podas en el arbolado parece muy extendido en la Cornisa Cantábrica en términos amplios, aunque quizá, no siempre tengan que ver con el consumo de hojas. Tenemos ejemplares “sospechosos” de ser “víctimas” desde la Navarra media, Araba, norte de Burgos, la montaña Cántabra hasta Galiza. Seguramente, si prospectas tus alrededores puedas encontrar restos de este modo de gestión forestal.

Sin embargo, el futuro de estos árboles está muy condicionado al desconocimiento de su historia. Con el paso del tiempo, muchos de ellos han sido cortados. Hace tiempo que no hemos visto lombardos como los recordábamos. Las moreras, fuera del interés comercial, van desapareciendo poco a poco. También es cierto que no son especies muy longevas.

Roble (Quercus humilis). Catalogado como Monumento Natural 42, Podemos suponer distintas fases de podas que sufrió este ejemplar en su vida. El conjunto nos da una imagen de “bonsái” gigante, en el que se sigue apreciando el relativamente pequeño desarrollo de la copa. Pensamos que los carrasqueños antiguos que no hemos podido encontrar tendrían una silueta muy parecida a esta.
MN42, Etxague, Nafarroa 2017 03 07


Sin embargo, los robles tuvieron peor destino. Tras el abandono de la actividad, los gestores de los montes, los encontraban con poco interés. Eran árboles viejos de escaso desarrollo maderero, retorcidos que quitaban espacio a árboles más jóvenes y de mayor potencial. No se veían como monumentos a la “sostenibilidad ambiental” con lo que fueron abocados al consumo de madera para leña en las fogueras.
Otros, por su ubicación, tuvieron más suerte y quedaron “olvidados”.
No obstante, hay que recordar, que los seres vivos tienen capacidad para moldearse, y en ocasiones, estos árboles, por razones y mecanismos ocultos, tienden a reabsorber estas cicatrices y a suavizar sus formas.
El paso del tiempo va borrando sus huellas. La conclusión es que estamos asistiendo a un proceso más de pérdida de bienes culturales, de monumentos a épocas pasadas, de vestigios de nuestros orígenes, de formas de entender la existencia. Porque no sólo son ellos mismos, son los últimos vestigios de una cultura perdida con su máximo representante en el pastor de villa.

Ojalá podamos concienciarnos un poco, el tiempo se nos escurre entre los dedos.

El pastor de villa es un importante personaje dentro de esta cultura. Estos pastores recogían el ganado de todos los vecinos de la población para formar un rebaño comunal según las distintas especies. Su existencia estaba ligada a una colección de pequeñas cabañas familiares dentro de unas duras y difíciles condiciones socioeconómicas. J. de Esnaola en “En la Montaña Alavesa” en su capítulo “Los trillos” narra sus vidas con retazos llenos de poesía que realzan su marginal existencia. Reconstrucción de la cabaña que usaron los últimos pastores de villa de Arluzea en 1998. Cotesía de E. Urarte.

Agradecimientos

Gracias a Mikel Belasko, Jesús Egurcegui, Julio Egurcegui, Mari Gauna, Pilar Gauna, Alberto López, Raquel López, Eduardo Urarte y Pedro Urarte por ayudarnos a conocer esta historia en un poco más de profundidad, así como mostrarnos donde quedaban algunos de estos supervivientes. También a Juan Manuel Pérez de Ana por realizar estas fantásticas entradas en sus blogs que son las que nos inspiraron para esta. Os invitamos a que las consultéis.

El origen de los árboles trasmochos
Los árboles trasmochos según Villarreal de Berriz  


Arrausia, Markinez, Araba, 2016 11 12
Chopos lombardos en Markinez ca 1923. Fondo Fotográfico de la Junta Administrativa de Markinez
Vista de los chopos en el río en Markinez con los lombardos en el río. Tras asfaltarse el pueblo en 1973 ya no quedaba ninguno. Fondo Fotográfico de la Junta Administrativa de Markinez

Publicado en Etnobotánica, Notas sobre Vegetación | Etiquetado , , , , , | Deja un comentario

Lo que nos estamos perdiendo

Esta galería contiene 4 fotos

Hay que reconocer que esta campaña prometía grandes cosas. Para empezar, un enero de mínimas razonables, complementadas con máximas un poco subidas de tono, que se complementó con un febrero donde sí que hubo hasta 6 días de mínimas bajo … Seguir leyendo

Galería | Etiquetado , , , , | Deja un comentario

Helechos en el barrio

Esta galería contiene 14 fotos

Supongámonos en un auditorio lleno de gente, y desde el atril se lanza la siguiente pregunta a la concurrencia: “¿Quién nunca ha oído o leído la palabra “helecho”?” Algunas manos dispersas por aquí y allá. Ya se sabe, gente distraída, … Seguir leyendo

Galería | Etiquetado , , , , | Deja un comentario

Pajareando por Madrid

Esta galería contiene 23 fotos

Madrid 2019-12-3-6 Hace tiempo que buscábamos esta entrada. Sin embargo, a pesar de ser la capital que más visitamos, nunca encontramos el tiempo suficiente para dar un paseo largo y tendido por las áreas “silvestres” que se mimetizan en la … Seguir leyendo

Galería | Etiquetado , , , , , , , , , , , , , , , , | Deja un comentario

Ulva intestinalis

Esta galería contiene 3 fotos

Hace algún tiempo (2017-09-08) Óscar nos convenció para ir a ver un lugar un tanto particular: Salinas de Ibargoiti en Navarra. Salinas de Ibargoiti sería un lugar más o menos “normal” si no fuera por la salvedad de la presencia … Seguir leyendo

Galería | Etiquetado , | 2 comentarios